Wednesday, April 27, 2011

La Mañosa: una excelente fotografía de los inicios del siglo XX dominicano.

Por Jeannette Miller.

Referirse a Juan Bosch como el más importante escritor dominicano, resultaría un lugar común. Su amplia producción literaria que abarca desde el ensayo político, el cuento, la novela y hasta la didáctica, -recordemos su texto Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1958)-, lo mantienen con una vigencia indiscutible, sostenida por la calidad de su factura en todos los géneros en que ha incursionado.

Sin embargo, son sus ensayos sociales y políticos como Composición social dominicana (1970 en República Dominicana y De Cristóbal Colón a Fidel Castro (1970), además de sus archifamosos Cuentos escritos en el exilio, las obras que han servido para darle un perfil como escritor, dueño de un estilo claro, directo, equilibrado y rotundo; realista, pero no exento de poesía, donde no sobra ni falta nada.

Estas características lo han convertido en nombre inaplazable para cualquier antología o estudio del cuento y del ensayo político en América que abarque el siglo XX.

Juan Bosch escribió dos novelas, La Mañosa (1936) y El Oro y la Paz (1976 ¿?), las cuales no han tenido la difusión o “el pegue” de las obras nombradas con anterioridad. Sin embargo, La Mañosa, resulta un texto imprescindible para completar la verdadera estatura de este escritor, grande en las letras de América y para afirmar su inserción en la llamada novela de la tierra latinoamericana

El crítico argentino, Enrique Anderson Imbert afirma que: "La novela hispanoamericana surgió como la crónica inmediata de la evidencia, que jamás alcanzaría el grado de la ... conciencia".1.

Desde la primera mitad del XIX, hasta los años de 1940, inicialmente las novelas aparecieron como crónicas de lo acontecido, insertas en el desarrollo de un siglo lleno de propuestas iluministas e independentistas. La primera protagonista fue la Naturaleza, su vencimiento, su conquista. Luego se dio paso al dictador y más tarde a la masa explotada, en una variable de la novela de la tierra que se denominó novela de la re­volución mexicana: ambas modalidades abarcan, a grandes rasgos, desde Facundo de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), publicada en 1845, hasta Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos (1884), que salió a la luz en 1929; sin olvidar a Horacio Quiroga (1898-1937) con Los perseguidos en 1905, Mariano Azuela (1873-1952) con Los de abajo en 1915, ni y a José Eustaquio Rivera (1889-1928) con La Vorágine en 1924; argentino, venezolano, uruguayo mexicano y colombiano, respectivamente, estos nombres establecen las características de ese primer período de la novela latinoamericana que dio sentido al postulado “civilización contra barbarie”.

En República Dominicana esa misma época abarca desde la Independencia (1844), sigue con la Restauración (1863-1865) y luego con el establecimiento del racionalismo de la escuela hostosiana, para sufrir la intervención norteamericana desde 1916 hasta 1924, y el inicio, en 1930, de la dictadura de Rafael Trujillo, que duró 31 años.

Una continua inestabilidad producida por los alzamientos revolucionarios y los gobiernos y dictaduras que eliminaban a sus opositores empeñando económicamente al país, produjo en la segunda mitad del siglo XIX dominicano, textos como el Enriquillo (1882, 2da edición completa) de Manuel de Jesús Galván (1834-1910), novela indigenista endeudada con el romanticismo, y ya entrado el siglo XX, La Sangre ( 1914 ) de Tulio Manuel Cestero (1977-1955), y Over (1939) de Ramón Marrero Aristy (1913-1959), que trataban, respectivamente, la dictadura de Ulises Hereaux –Lilís- 0( 1845-1899 ) y la explotación en los ingenios azucareros.

Con algunas excepciones, la mayoría de novelas que se escribieron no excedían lo testimonial, crónicas rurales y provinciales, algunas de corte romántico, que presentaban una calidad discutible como género.

La Mañosa, de Juan Bosch (1909-2001), publicada en 1936 por la Imprenta El Diario, de Santiago, República Dominicana, fue quizás la primera novela dominicana que sirviéndose del realismo logró la coherencia tiempo-espacio, descripción y narración, manejo de tipos y niveles de lengua, creación de personajes que representaran la época, además de ubicación en el momento político y en el entorno geográfico, cualidades que la convierten en una obra que, aunque cabe dentro del “realismo de la tierra”, inserta cambios que la diferencian de esa gran corriente que ocupó la novela de América Hispana por casi un siglo, y que en 1936, casi terminaba.

El mismo Bosch afirma en 1966 que: “La Mañosa fue escrita con un propósito estrictamente literario. La Mañosa obedeció al plan de elaborar una novela en la que no hubiera un personaje central ni caracteres de carne y hueso que pudieran atraer la atención del lector y ‘robarse el libro’. En La Mañosa no debía haber ni siquiera un tema desenvuelto con los requerimientos normales de intrigas, la habitual `lucha` del bueno y del malo que tanto atrae a los lectores, la presencia de la mujer cuyo amor es el premio ofrecido al `bueno` como recompensa…En La Mañosa… el personaje central sería la guerra civil, y todo los seres vivos que desfilaran por las páginas del libro…deberían ser… víctimas de ese personaje central… -pero- quedaba por resolver un aspecto importante: el de la forma:… -para esto- la solución era describir los efectos, no la revolución en sí misma.”

Estas palabras de Bosch explican las características modernas que presenta la novela, y en la que podemos comprobar:

  1. Ambigüedad sobre quién es el bueno y quién el malo.
  2. Ausencia de protagonistas absolutos.
  3. Una estructura que, aunque lineal, está llena de inserciones, a veces cuentos hechos por otros, que subvierten tiempo y espacio.
  4. Un uso de la descripción que a veces desplaza la narración.

Pero veamos el contenido: La Mañosa, a la que Bosch subtituló La novela de las revoluciones, está escrita como el racconto permanente de un niño-narrador- Bosch, que reconstruye su vida en el campo y sus experiencias cuando le toca ser testigo de una época de revoluciones y alzamientos. Un rancho grande a la vera del camino, un padre trabajador y honesto, una madre igualmente trabajadora y abnegada, un hermanito, los peones y vecinos… frente a los cuales la vida rural, apacible y noblemente afanosa, se va convirtiendo en un infierno de miedos, sorpresas e injusticias traídas por la guerra.

La montería como medio de vida que luego facilita el escondite de los alzados; la nobleza de los vecinos y vecinas que están prestos a ayudar en las peores circunstancias; la solidaridad humana de algunos personajes por encima de sus preferencias políticas; van tejiendo una trama dónde el verdadero planteamiento es ético (las guerras no sirven para nada, sólo traen violencia y destrucción), y el problema sustancial: ¿cómo reconocer en medio de ese caos, quién es bueno y quién es malo? Estas respuestas van apareciendo en la medida que se suceden acciones sorprendentes realizadas por personajes que estaban encasillados como lo contrario.

Dos buenos ejemplos son: Morillo, un ladrón y asesino montonero que es fiel a sus amigos y hasta expone su vida por ellos; y el general Fello Macario, ejemplo de liderazgo rural, hombre de condiciones verticales y que, sin embargo, en un momento dado asesina a inocentes porque le conviene políticamente. Esa dicotomía permanece dentro de los bandos en pugna, los del gobierno y los rebeldes alzados, llegando a un punto en que los dos grupos se convierten en la misma cosa.

Bosch destaca la aberración sanguinaria y el hambre de poder de muchos de los que se metían a la guerra para disponer de armas y de mando. Y, por otro lado, la inconsciencia de los jóvenes que se enganchaban como el que iba a una fiesta de empalizá.

Ubicada en los inicios del siglo XX dominicano, donde los alzamientos, golpes de estado y asesinatos de presidentes y caudillos estaban a la orden del día, la novela se desarrolla en un paraje del Cibao Central, entre Bonao y Río Verde. El texto, en este sentido, está construido casi como una autobiografía por las características de algunos personajes, sus nombres y su accionar.

Utilizando un estilo realista que excede la estampa costumbrista para convertirse en una fotografía de época. En este texto de Bosch la descripción iguala a la narración y a veces la supera, en magníficos atardeceres y juegos de luz sobre la campiña desolada, sin olvidar la cotidiana iluminación del rancho, que cambia según la naturaleza y los estados de ánimo.

Allí, entre los rayos del sol y la luz lechoza de las jumeadoras, el escritor construye párrafos verdaderamente maestros que se convierten en paradigmas no sólo de la mejor literatura dominicana, sino del continente.

Por otro lado, el manejo del habla rural, en contraposición al uso lleno de casticismos de la familia de Don Pepe, permite marcar las diferencias entre los personajes, que abarcan incluso su manera de pensar. Un buen ejemplo resulta cuando al referirse a los hijos que se van a la guerra, la madre española dice:” -¿Y no sospechan lo que sufre una madre? Y doña Carmita, la vecina campesina, le responde: -Peor es que salgan ladrones o pendejos, doña”. 3.

Bosch divide la novela en dos partes: Revolución y Los vencedores. En el primer tiempo es tanta la importancia de la descripción que se podría afirmar que la interacción paisaje-habitat desplaza las acciones y los hechos convirtiéndolos en meros motivos para edificar una memoria personal y sumamente visual, ligada a la ruralidad.

El sol, sus luces y sombras, son un personaje. Bosch se sirve del astro para dar el tono que exige la escena: frío, calor, tristeza, alegría, misterio, miedo, esperanza… elementos que primero sugiere la luz omnipresente anunciando los acontecimientos.

Sí, La Mañosa es la novela de las revoluciones, pero es también, la novela de la primera niñez de Bosch, lo que le ayuda a la construcción de un estilo mezcla de realidad y poesía realmente conmovedor.

Uno de los hitos descriptivos resulta ser el general Fello Macario, el momento en que aparece por primera vez en la novela con su tipo de criollo “indio” -muy parecido a Desiderio Arias-, el sombrero ancho, los pantalones estrechos de cabalgador, pero sobre todo, su permanente voz de mando y sus maneras respetuosas, inmutables, reforzada la imagen por una actitud humanitaria que lo convierte en un ícono popular

Por el otro lado, don Pepe, extranjero-español, padre del niño-narrador, un hombre rojo y alto, lleno de bondad, amor al trabajo y responsabilidad con los suyos y los no suyos; dueño de La Mañosa, la mula que le tomó tiempo y trabajo domar, pero que era la niña de sus ojos y que, en un acto de extrema solidaridad, le presta a su amigo, el general Macario, para que después de largo tiempo un desconocido la encontrara abandonada y se la llevara casi moribunda.

Se afirma que la mula La Mañosa constituye un símbolo de la República Dominicana en esa época; un país que siendo un paraíso, por intereses oscuros, por egoísmo e irresponsabilidades, por ese ejercicio de mañas ancestrales, se diezmaba cada vez más.

Otro aspecto a destacar de esta novela resulta la espiritualidad religiosa que arrojan algunos pasajes ligados a la madre; la ternura que proporciona a sus hijos y su fe conmovedora en Dios, a quien recurre en los peores momentos que deben enfrentar, en medio de una guerra sangrienta, irracional e injusta. Dentro de este aspecto, el punto más valioso es la identificación de Bosch, niño-narrador, con todo ese ascender que provoca la pronunciación de las oraciones en voz baja, la luz tenue de las velas encendidas, la presencia de una imagen de la virgen o de un crucifijo, la sensación de que cuando rezas y crees en Dios, estás protegido:

“…me gustaba rezar. Encontraba un placer delicioso en estar de rodillas, las manos juntas sobre el pecho, todo el cuerpo lleno de luminosa dulzura, seguro de que Dios estaba oyendo mis palabras. Una gran bondad me invadía, sentía la carne liviana, casi en trance de volar….

Orábamos en la habitación de mamá, que en el primer nudo negro de la noche, se llenaba de sombras… Era tal el silencio que a veces nos rodeaba, que las cuentas del rosario, golpeaban entre los dedos de mamá, y sonaban como piedras lanzadas en madera”.4

En la década de 1930, ya Borges (1899-1986), Miguel Angel Asturias (1899-1974) y otros escritores latinoamericanos se habían enfrentado a la novela tradicional, representada por el realismo de la tierra. Por el contrario, Rómulo Gallegos (1884-1969) publicaba doña Bárbara en 1929, una de las cumbres del postulado “civilización contra barbarie”. La Mañosa de Juan Bosch, impresa en 1936, resulta un paso hacia delante en relación a lo hecho como novela realista, no sólo en República Dominicana, sino en América Latina. Los cambios que introduce en su estructura, la proponen como un tránsito hacia la literatura latinoamericana que se haría en las décadas de 1940 y 1950.

La llamada “nueva novela latinoamericana” se inició con los escrito­res que aparecen en los años cuarenta quienes tenían en común su preocupación por el lenguaje. Todavía en esa década se llevaba a cabo un proceso de tránsito entre la antigua literatura naturalista y docu­mental, y la nueva novela diversificada, critica y ambigua que comenzaron a hacer además de Borges y Asturias, Felisberto Hernández (Montevideo, 1902-1964), Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1874-1952), Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) y otros, para luego de los años de 1950 establecerse el realismo mágico de Rulfo (1917-1986), García Márquez (1927), y Vargas Llosa (1936), entre otros muchos

En Santo Domingo, Los Ángeles de hueso (1967) de Marcio Veloz Maggiolo (1937) y Escalera para Electra (1969) de Aída Cartagena Portalatín (1918-1994), introducen la experimentación y el absurdo en la novela dominicana, apoyados en un manejo del lenguaje como el instrumento que sostiene sus maneras de novelar. Con los años, la obra novelística de Veloz Maggiolo se convierte en la más importante de la segunda mitad del S. XX dominicano.

Lo cierto es que las novelas iniciales que sólo reflejaban, de manera testimonial, la naturaleza inhumana y las relaciones sociales inhumanas dentro de una escala de valores simplista y épica y asumieron su primer cambio en la literatura de la revolución mexicana al introducir la ambigüedad -los héroes pueden ser villanos y los villanos pueden ser héroes-. A partir de entonces, la certeza se convirtió en duda; la fatalidad en contradicción; el idealismo romántico en dialéctica irónica… Esta ambigüedad fue asumida por Bosch en La Mañosa, con un diseño de personajes donde todos, de cierta forma son protagonistas, porque el protagonismo lo aportan las circunstancias, que se van desenvolviendo como un río en crecida que lo arrasa todo para volver a la quietud cuando terminan las revoluciones.

Para sintetizar La Mañosa citamos: “La amenaza de la revolución para- lizaba las vidas. A cada momento se la creía ver aparecer en el recodo de la Encrucijada, arrasándolo todo”5 Y esas vidas paralizadas ante el azar y la violencia han estado presentes a lo largo de un siglo XX ocupado por dictaduras, revoluciones y autoritarismos, donde las circunstancias y los hechos sólo han cambiado de nombre.

Siempre se ha dicho que la literatura es un ejercicio de la memoria, una garantía de que lo crucial de nuestras vidas se rescata. También se ha afirmado que un fotografía dice más que mil palabras, porque incluyendo todo lo enfocado, destaca el o los objetos que son principales para el fotógrafo, reflejando así su “punto de vista”. Con La Mañosa, Juan Bosch logra ambas cosas.

Por un lado, recupera un momento trascendente de la historia dominicana de principios del S. XX, incluyendo una buena parte de su niñez de su entorno y de sus experiencias primeras. Por otro, maneja de manera sobresaliente la capacidad de trasmitir a nivel visual personajes, ambientes y situaciones, en una estricta escala de importancia. Los niveles maestros que logra en este intento, no sólo consolidan a Juan Bosch como un nombre crucial en la literatura nacional y continental, sino que proponen La Mañosa como una magnífica novela, que además resulta ser una excelente fotografía de los inicios del siglo XX dominicano.

Citas

1. Enrique Anderson lmbert, Historia de la Literatura Hispanomericana. Colección Breviarios. Fondo de Cultura Económica, México. Pág. 147.

2. Juan Bosch Palabras del autor para la tercera edición.1966. La Mañosa Novela de las revoluciones. Dirección de comunicaciones Banco de Reservas de la República Dominicana. Amigo del Hogar, SantoDomingo, República Dominicana 2002. Págs.15 a17.

3. Juan Bosch. La Mañosa. Novela de las revoluciones. Dirección de comunicaciones Banco de Reservas de la República Dominicana. Amigo del Hogar. Santo Domingo,
República Dominicana 2002. Pág. 55.

4. Juan Bosch. La Mañosa Novela de las revoluciones. Dirección de comunicaciones Banco de Reservas de la República Dominicana. Amigo del Hogar. Santo Domingo, República Dominicana 2002. Págs. 49 y 50.

5. Juan Bosch. La Mañosa. Novela de las revoluciones. Dirección de comunicaciones Banco de Reservas de la República Dominicana. Amigo del Hogar, Santo Domingo,
República Dominicana 2002. Pág. 73

Bibliografía de referencia

· Alcántara Almánzar, José. Antología mayor de la literaturadominicana. (Siglos XIX y XX). Prosa (2000 y 2001).Dos Tomos. Editora Corripio. Santo Domingo. República dominicana

· Anderson lmbert, Enrique.Historia de la Literatura Hispanomericana. Colección Breviarios. Fondo de Cultura Económica, México. 1966.

· Bosch, Juan. La Mañosa. Novela de las revoluciones. Dirección de comunicaciones Banco de Reservas de la República Dominicana. Amigo del Hogar, Santo Domingo,
República Dominicana 2002.

· Collazos, Oscar; Cortázar, Julio;y Vargas Llosa, Mario. Literatura en la revolución y revolución en la literatura. Siglo XXI Editores, México.1970

· Hars, Luis. "Los Nuestros", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968.

· Fuentes, Carlos. La nueva novela hispanoamericana (1969). Cuadernos de Joaquín Mortiz; 4. México: 1974.

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El mar en perspectiva.

El sol y las palmeras.

“Todo incluido” en un país de ron y prostitutas.

Hoteles 5 estrellas.

Servicios de primera.

En los alrededores

las bestias pululan a la espera

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Siluetas en huida y dos cuerpos sangrantes.

El sol y la violencia.

El ruido de los bares.

La risa apabullante.

Los ejecutivos y hetairas de salón,

en Suplementos de Sociedad.

Tanta basura para el alma.

Tanta carroña ocupando el aire.

Tanto muro para la ternura.

Tanta muerte desde antes de nacer

sin posibilidades.


Jeannette Miller

Si sobrevivo

Si sobrevivo,

a los enormes ratones peleando por las sobras,

a los mosquitos portadores del SIDA,

a la comida podrida por los apagones,

a los olores agrios por la falta de agua,

a los jóvenes verdes, moribundos, por la garra del hambre,

a los esqueletos que agreden en las esquinas y te maldicen,

al morbo de los noticieros,

a la prostitución de los políticos,

a no tener modelos que dar a nuestros hijos,

a la falta de amor y de justicia

al tiempo que te perfora el rostro, los dientes y las ganas,

al ruido callejero,

a la agresión humana,Tamaño de fuente

a contar las monedas temiendo la escasez,

al sol opaco y polvoriento que marca las mañanas...

Si sobrevivo ,

me doy por satisfecha.


Jeannette Miller

Una rebelde amorosa

Semblanza de Jeannette Miller, Premio Nacional de Literatura 2011

Por José Alcántara Almánzar


I

Hace dos años, Jeannette Miller ocupó este lugar para leer la semblanza de quien les habla cuando recibió Premio Nacional de Literatura que otorga la Fundación Corripio. Y esta noche, a riesgo de parecer asunto de reciprocidades y ditirambos mutuos, acepté la invitación de esta valiosa escritora y amiga, y vengo a decir unas palabras en su honor, con el orgullo y la satisfacción que solo puede sentir quien ha leído y estudiado a fondo su obra durante cuarenta años, siempre con respeto y admiración creciente, y porque sé que la comunidad cultural de nuestro país comparte el regocijo unánime por este reconocimiento, el más alto que se confiere en la República Dominicana a un hombre o una mujer de letras.

En este caso, una mujer cuyos atributos creadores e intelectivos abarcan la poesía, la novela, el cuento, la didáctica de la lengua, el periodismo cultural, la historia y la crítica de arte, en los que ha dejado obras axiales que la convierten en autora emblemática de su promoción, la llamada Generación del 60, en una personalidad representativa de la literatura dominicana de las últimas décadas. Y en el plano personal, su conducta de mujer auténtica, sincera, vertical, laboriosa, que ha sabido transitar sola, contra viento y marea, por el escarpado camino del quehacer crítico, enfrentándose a las conocidas limitaciones de nuestro medio, pero siempre con la frente en alto al mantener el difícil equilibrio entre el trabajo literario y la vida familiar, sin perder un ápice de su dignidad.

Antes que Jeannette Miller, solo dos mujeres han sido galardonadas con el Premio Nacional de Literatura: Hilma Contreras [2002], y María Ugarte [2006], ilustres escritoras que enaltecen las letras nacionales, y cuya obstinada longevidad hizo posible, aunque tardíamente, el inevitable homenaje.

El Premio Nacional de Literatura 2011 que esta noche entregamos a Jeannette Miller reviste entonces un doble significado: hacer justicia a una obra literaria y crítica indispensable y a una ética personal incuestionable, y ser conferido a una mujer excepcional que desde joven ha trabajado en arte y literatura, con tenacidad de hormiga y una determinación envidiable.

Se trata de una labor de alguien que no espera recompensas ni las busca, ni se envanece por los logros obtenidos; una mujer cuya vida es ejemplo de entrega al trabajo paciente y minucioso, con una probada abnegación por sus hijos, Manuel y Paloma, quienes constituyen dos poderosas razones para crear y escribir.

¿Qué podemos decir de Jeannette Miller, cuyo nombre arrastra ecos de otras lenguas, aunque es una dominicana raigal? Manuel Rueda, que acertaba en tantas cosas, en un prólogo delicioso la definió como una “rebelde amorosa”, para compendiar esa rara mezcla de agresivo talante y ternura esencial que ella reúne, cuyos descarnados versos nos golpean por su dureza, y al mismo tiempo una melancolía que cala en nuestro espíritu. Para los que no lo saben, ella pertenece a una familia donde el arte y la literatura formaban parte de los cimientos mismos de la vida hogareña. Julieta Otero, su abuela, era cantante de ópera. Su padre, Fredy Miller, fue poeta, narrador, declamador y periodista muy conocido, hasta que un mal día se esfumó de manera misteriosa en las aguas del Mar Caribe. Una desaparición que algunos ingenuos atribuyeron a un objeto volador no identificado, pero que tuvo todas las trazas de haber sido otro cruel zarpazo de la dictadura de Trujillo.

Abuela y padre, junto a la presencia de un honorable abuelo militar, dejaron en la pequeña Jeannette la firmeza, las inquietudes y el ejemplo que le sirvieron luego para crecer, desde aquella actriz infantil en La zapatera prodigiosa, pasando por la muchacha de mirada diáfana junto a un adolescente Miguel Alfonseca en Espigas maduras, hasta transformarse en una de las voces más auténticas de la literatura dominicana del siglo XX.

Se graduó de Licenciada en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ha sido profesora de varias generaciones, a las que entrenó en las técnicas de la ortografía y la redacción. Asimismo, a un vasto público que agradece sus orientaciones para entender y apreciar el arte dominicano de todos los tiempos. Su producción a lo largo de cuatro decenios es enorme, con cincuenta títulos de poesía, narrativa, historia y crítica del arte, veintidós trabajos realizados en colaboración con otros autores, y más de quinientos artículos en revistas y periódicos nacionales y extranjeros, que le han ganado reconocimiento internacional y numerosos galardones, incluyendo el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2007, por su obra Importancia del contexto histórico en el desarrollo del arte dominicano. Cronología del arte dominicano: 1844-2005 (2006).

Como si fuera poco, haciendo gala de una vitalidad inusitada, ha sido jurado en casi todos los concursos nacionales de poesía, cuento y novela; colaboradora asidua de Casa de Teatro; consultora y asesora de instituciones culturales, centros y museos de arte. Podemos decir que su trabajo marca el inicio de una nueva etapa en la historia y la crítica de arte en nuestro país con su libro Historia de la pintura dominicana (1979). Su honestidad a toda prueba, sus vastos conocimientos, su valentía para decir las cosas, su sentido de equidad, su claridad expositiva, en fin, la convirtieron muy pronto en una orientadora por antonomasia, una referencia para los creadores plásticos, una voz autorizada para establecer esa tabla de valores a que aspiraba Pedro Henríquez Ureña, tan necesaria a la hora de situar en su justo lugar a los mejores y establecer las debidas jerarquías.

II

Hace muchísimos años, cuando intentaba estructurar una antología de la literatura dominicana para estudiantes de bachillerato, recuerdo que me impresionaron los poemas de Fórmulas para combatir el miedo (1972), un libro que la retrató como poeta aguerrida e iconoclasta, quien en un intento por definirse lanzaba sus versos al viento como disparos contra los falsos ídolos de una etapa oscura y desgarradora. Entonces, ahogando el grito, ella escribió: “Mi palabra, / mi verdad, / es esta vida hueca, sin engaños, / esta silla dura donde me recuesto abiertamente.” (“La silla”).

Esos instrumentos de lucha para sobrevivir ante el temor, trazados con los duros vocablos de quien se siente vulnerable pero aborrece las iniquidades sociales, fueron una especie de catarsis para exorcizar sus demonios, su angustia, su tristeza. En esos poemas ella deambula por calles de una urbe sucia y pestilente, donde todavía quedan restos del odio provocado por la guerra de abril. Para ella, la realidad externa no es una ‘hermosa flor envenenada’, sino un baldío de espinosos cactus. Ese libro presenta una cara distinta de la ciudad –la otra cara la ofrece El viento frío, de René del Risco, su compañero generacional ido a destiempo–, para proclamar su indignación sin deslizarse por la pendiente del panfleto, buscando refugio en su “mecedora enana”, en los “pesados muebles de caoba” de su casona colonial y los espacios húmedos donde calmaba su soledad y su amargura, con Botticelli y Chagall, Bergman y Polanski convertidos en iconos visuales, pero sobre todo con la dolorosa conciencia de ser una mujer vulnerable.

En esos inicios cruciales, cuando avanzaba a tientas por espacios ominosos, su sensibilidad oscilaba entre fuerzas antípodas. Vienen a mi mente dos nombres preclaros: Emily Dickinson, aquella poeta introspectiva y frágil de apasionada intensidad, que pocas veces se aventuró a salir de los predios de su casa de Amherst, Massachusetts, permaneciendo hasta su muerte recluida en su propia habitación. Y Simone de Beauvoir, aquella escritora sin pelos en la lengua para llamar a las cosas por su nombre, cuestionadora de ancestrales designios de la sociedad patriarcal y el dominio masculino que habían relegado a la mujer a una condición secundaria.

Luego de haber sentado su noción de la mujer como “piedra”, “tronco vital”, “madre de todo el orbe” en Fórmulas para combatir el miedo, prosiguió su exploración interior y del sujeto femenino en Fichas de identidad / Estadías (1985), donde profundiza en su concepto de la mujer, partiendo siempre de sí misma, en una dolorosa búsqueda que la lleva a redescubrirse mientras ausculta su ciudad, donde la muerte campea por sus fueros, provocando un vacío insoportable. Fichas de identidad recoge “Yografía”, poema en el que esboza un impactante autorretrato:

“Yo / que necesito plantas, luz / palabras de ternura / que me siento a pensar en mi desgracia a plena tarde / medio masoquista / fea / profesora / Yo / que sólo con palabras presumo / me palpo / me proyecto / interpongo ideas a la carne / levanto largos muros de metal frío, devorante / entre otros y / yo / que tengo miedo a la locura, al vino, al entregarme / agarro mis recuerdos / una niña gorda, inútil, solitaria / casas de muñeca y tacitas de té / ráfagas de aire y de suspiros / entre mi abuelo no abuelo y sin mi padre / Yo / que encuentro en Franklin, Juan Francisco y otros / eso terrible que no tuve / que sé disponer letras, sílabas y nombres / cuidadosamente, agresivamente / Yo / estoy harta de mí.”

En este libro, los versos de Jeannette Miller, cáusticos y ardientes, dibujan muy bien el drama de género en la sociedad contemporánea. Han pasado más de sesenta años desde la publicación de El segundo sexo (1949), sin que se hayan podido erradicar las discriminaciones contra la mujer, las manipulaciones que la convierten en una “tuerca más en nuestra pobre maquinaria”, ni hayan disminuido las veleidades de la moda o el consumismo. Para hablar de Jeannette Miller como poeta hay que emplear, pues, “el lenguaje de la pasión” –como dijo Mario Vargas Llosa que dijo Octavio Paz de André Breton cuando murió–; porque, mutatis mutandis, hay una febril intensidad en la poesía de nuestra escritora.

III

Cuando uno repasa su contribución a la historia y la crítica de arte en la República Dominicana, no puede menos que quedar asombrado ante una labor en verdad extraordinaria, tan exhaustiva, profunda y analítica, donde se ponen de relieve los hechos que han jalonado el desarrollo de las artes visuales de nuestro país, así como las expresiones más sobresalientes de la plástica nacional.

Su labor de investigación, estudio y divulgación del arte dominicano desde que comenzó a publicar en las páginas del suplemento sabatino de El Caribe, bajo la égida de su mentora y madre espiritual doña María Ugarte, prueba su entrega a la dilucidación de los asuntos medulares del ser dominicano en el arte nacional, su incansable búsqueda de un perfil de la dominicanidad, su tenaz indagación sobre los rasgos de una identidad que muchos proclaman y pocos comprenden, por tratarse de un concepto que engloba heterogeneidades, contradicciones y diferencias abismales entre la colectividad histórica a la que pertenecemos.

En este sentido, sus ensayos y artículos críticos, que van del comentario de una exposición individual o colectiva al estudio monográfico de una personalidad sobresaliente, constituyen auténticos hitos en el panorama cultural criollo, que ella ha sabido vincular con otras expresiones antillanas y continentales. Pero no sólo eso, sino también la presencia de la mujer en las artes visuales, la literatura y el pensamiento dominicanos, y la relación entre poesía y pintura, como consta en su libro Textos sobre arte, literatura e identidad (2009).

Nuestra distinguida autora ha fijado su atención en los pequeños y los grandes artistas del país, por entender que forman parte de un corpus distintivo en el concierto de las artes plásticas hemisféricas. De todos esos trabajos, hay que destacar su acierto al ocuparse de personalidades cimeras: Gilberto Hernández Ortega, José Vela Zanetti, Paul Giudicelli, José Rincón Mora, Noemí Ruiz, Gaspar Mario Cruz, Domingo Batista, y Fernando Peña Defilló, maestro de sólida formación intelectual, un artista que abrillanta con sus cuadros cada una de las portadas de los libros de Jeannette, diseñados con el esmero que sólo Ninón y Lourdita Saleme poseen.

IV

Si he dejado para el final unos breves comentarios sobre su obra narrativa es porque ya era una autora consagrada cuando publicó su primer libro Cuentos de mujeres (2002), seguido por la novela La vida es otra cosa (2005), y A mí no me gustan los boleros (2009), galardonado con el Premio Anual de Cuento.

Cuentos de mujeres presenta el mundo de la mujer dominicana en una sociedad autoritaria, visto con los ojos de las mujeres o contado por éstas. Los cuentos de Jeannette están llenos de hermosas insinuaciones y sutiles matices, que van del tono confesional a la remembranza íntima, del coloquialismo barrial a la narración objetiva. Pero, en cualquier caso, las mujeres descuellan siempre como figuras principales de la ficción. Son sus vidas las que verdaderamente cuentan, inmersas en una época de valores tradicionales.

Este orbe narrativo se caracteriza por el tono directo, escueto, de fuertes pinceladas con las que se describe una situación y se ofrece el esbozo de un personaje. Aborda los temas con pulso seguro, sin dejarse tentar por las digresiones. Algunas de las mujeres de sus cuentos viven el erotismo con el mismo desenfado y la misma insolencia que muchos hombres asumen su sexualidad, de ahí que la autora nos ofrezca, sin tapujos de ninguna índole, una mirada sincera, despojada de eufemismos; de ahí también las groserías en boca de sus personajes, para escándalo de lectores aquejados de moralina.

Respecto a La vida es otra cosa, en un ensayo he dicho que constituye un amplio fresco de tonalidades goyescas sobre la sociedad dominicana contemporánea. O, para decirlo con un símil autóctono, evoca una de esas magistrales pinturas de Hernández Ortega, pobladas de siluetas que emergen de la oscuridad de la noche con todo su dolor y desvalimiento. Aunque se han escrito en nuestro país muchas novelas de temática social, algunas de ellas muy buenas, me atrevería a decir que La vida es otra cosa marca la diferencia entre un ‘antes’ y un ‘después’, ya que sería difícil encontrar una obra de notable factura cuyo autor universalice, como lo hace Jeannette, el drama de las clases oprimidas y lo haga al margen de sentimentalismos y denuncias ideológicas, sin caídas en el manejo del lenguaje, a través de una densa estructura, nítida y fluida, en la que los personajes integran una especie de coro griego en esa inacabable tragedia que es la vida en nuestras remotas y olvidadas comunidades del interior.

La vida es otra cosa es una novela cruda, pero diáfana, de una concisión ejemplar, cuya lectura, una vez iniciada, no da respiro, atrapándonos con un puñado de historias personales que se entrecruzan sin cesar. Al escribir su novela, ella supo eludir los engañosos procedimientos del neorrealismo social que tantas obras ha malogrado, para construir un texto literario de una sobriedad impresionante. En fin, La vida es otra cosa es una vigorosa novela sobre la sociedad dominicana contemporánea. Es una obra electrizante y enriquecedora que se resiste a taxonomías y encasillamientos teóricos, cuya lectura se convierte en hontanar de fuertes experiencias humanas, o se transforma en un gigante espejo que refleja el lado oscuro e indeseable de nuestras realidades, pues junto a las bondades de un paisaje edénico donde el bienestar es privilegio de una minoría, se halla también la inclemente situación en que naufragan los olvidados de siempre.

Creo haberme extendido más de lo previsto en esta semblanza, por lo que solo me resta expresar mis sentidos parabienes a Jeannette Miller, nuestra autora galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2011, y congratular a los miembros del jurado, y especial a la Fundación Corripio, en la persona de su presidente, don José Luis Corripio Estrada, por este acierto tan esperado y aplaudido, y exhortarle a mantener su patrocino al más alto galardón con el que se reconoce a un autor en nuestro país, por la labor de toda una vida de entrega a la literatura.

He escrito más que lo que he vivido.

Palabras de Jeannette Miller al recibir el Premio Nacional de Literatura 2011

Miembros de la mesa de honor,
Público presente,
Amigas y amigos:

Le doy gracias a Dios por permitirme estar hoy aquí, en este momento y en este lugar, para recibir el reconocimiento más alto que se concede en nuestro país en el orden de las letras: el Premio Nacional de Literatura, que otorga la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura.
Desde muy pequeña me enamoré de la escritura, el culpable fue mi padre, Fredy Miller, cuando se sentaba sin decir una palabra frente a su máquina Underwood, negra y plata, para golpear las letras a una velocidad que perforaba el papel, deteniéndose a veces, quitándose los lentes gruesos como fondo de botella, y leyendo lo escrito para luego tachar con una pluma fuente lo que quería eliminar. Yo, con cinco o seis años, me quedaba arrobada, y ante la prohibición de mi abuela de que no le pusiera la mano a esa máquina, me decidí a usar lápiz y papel para garabatear mis primeros versos.
A partir de entonces mi niñez transcurrió aparentemente solitaria, pero acompañada por los libros que mi padre me prestaba y también por los que no me prestaba: los hermanos Grimm, Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway… Cada vez más escribía en unos cuadernos azules que iba numerando para guardarlos y sólo leer a solicitud de mis abuelas, cuando había luna llena y ellas como un coro griego se balanceaban en sus mecedoras, y me escuchaban llenas de aprobación.
Ya adolescente Juan Francisco Sánchez (Tongo), filósofo, músico y Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, continuó el estímulo que había iniciado mi padre, elaborándome listas con los libros que debía leer, hasta que me adoptó como su acompañante a las tertulias literarias que se realizaban en casa de don Pepé Ortega o de don Cundo Amiama. Allí, mi amor por las artes se alimentó oyendo las teclas del piano de cola que vibraba con las sonatas interpretadas por Manuel Rueda, o escuchando los sonetos a la rosa de Franklyn Mieses Burgos.
Fue a la altura de 1959, y teniendo yo catorce años cuando aprendí que la vida no era sólo ese camino llano y luminoso que me había tocado transitar. La mano asesina del dictador tronchó la vida de mi padre-maestro, amigo con quien solía dialogar de igual a igual, acompañándolo en las sobremesas donde me quedaba quieta escuchándolo a la sombra de limoncillos y tamarindos, hasta que su voz ronca enmudecía y él se iba con su paso lento y la cabeza ladeada a trabajar.
El primer día que no llegó, todos decían que no nos preocupáramos, que era un bohemio, que quizás se había ido a las playas del Este a ver las ballenas y los manatíes, y que de ahí le gustaba entrar a tierra firme a escuchar las cotorras y los loros, y subir a las montañas azules de la cordillera que se derrumbaban en la playa, para luego sentarse a refrescar los pies en los ríos que desembocaban en el mar. Pero cada día el corazón se nos oprimía por su ausencia hasta que nos compraron el luto y supimos que ya no lo veríamos más.
Entonces, por primera vez conocí el odio, la rabia, la duda, la inseguridad; pero sobre todo, el miedo. Y fue Miguel Alfonseca, poeta y amigo, quien, después de escucharme numerosas veces y ver mi impotencia y mi rencor, me alentó a escribir para sacar lo que tenía dentro, para poder hacer catarsis de un estado de ánimo lleno de insatisfacción y de desdicha.
Era la década del 60. Una dinámica de apertura producida por el ajusticimiento de Trujillo en 1961 le daba forma a un concepto de libertad entendida como justicia social. La juventud, que incluía a los artistas, se atrincheraba en movimientos y grupos políticos mayormente de izquierda y se tiraba a la calle clamando por justicia.
Comencé a escribir en serio y a enseñar lo que hacía, primero a ese grupo espontáneo que ha venido a llamarse Generación del 60; luego, publicando en los suplementos culturales, principalmente en el de El Caribe que dirigía María Ugarte, y en revistas como Testimonio; pero, principalmente, siendo parte de los recitales públicos que montaba Arte y Liberación, un movimiento multidisciplinario encabezado por Silvano Lora, donde las lecturas de poemas se convertían en mítines que terminaban a bombazo limpio. Paralelamente, me llegaba la opinión favorable de Flérida de Nolasco, de Manuel Rueda, de Marcio Veloz Maggiolo, de María Ugarte sobre lo que yo escribía.
Pero en nuestro país la década del 60 terminó convirtiéndose en una dinámica de muerte para los más jóvenes y mi abuela me envió a España para que hiciera estudios literarios, aunque su verdadera intención era sacarme de la convulsión por la que atravesaba la nación.
Allí tuve la suerte de tener como profesores a Carlos Bousoño, a Gonzalo Torrente Ballester, a Manuel Criado de Val, y a otros escritores y críticos de renombre que me hicieron profundizar en la riqueza de la literatura española.
En 1967 con ese desenfado que aporta el desconocimiento, llevé un grupo de poemas a Cuadernos Hispanoamericanos, una de las publicaciones de literatura más prestigiosas en España, y la chica que recibió la carpeta me miró de manera triste informándome que las colaboraciones de poesía estaban comprometidas por todo el año. A los tres días, recibí un telegrama firmado por su Director, el poeta Félix Grande, diciéndome que pasara a firmar la autorización, que mis poemas habían sido incluidos en el próximo número. También editaron una separata, un cuadernillo que llevaba como título El Viaje y que yo considero mi primer libro de poemas.
De regreso a Santo Domingo terminé la carrera de Letras y en 1972, la Editora Taller publicó “ Fórmulas para combatir el miedo”, un volumen de versos que, como su nombre pregona, está lleno de planteamientos existenciales, del espíritu de la derrota que embargó a quienes como yo, pensaron que desaparecido Trujillo, todo se iba a arreglar.
Pero la vida fue otra cosa: la impunidad marcó nuestra particular democracia, y las injusticias y atropellos sólo cambiaron de nombre. Para mí ese período fue una especie de carrera densa, sorteando pozos oscuros, apoyándome en las rocas de la fe que resurgía dentro de mí como la única opción posible.
Y encontré una respuesta en el trabajo: impartía clases, inicié mis críticas de arte para el Suplemento Cultural de María Ugarte, donde también publicaba cuentos y poemas, y no paré de realizar ensayos monográficos sobre nombres cumbres de nuestras artes visuales. En los artículos de crítica que publiqué en el Suplemento Sabatino de El Caribe nunca pude especular, prescindiendo del marco de época y de las circunstancias en que se realizaba el hecho atístico: realmente, lo que yo hacía era un registro de lo que estaba aconteciendo y lo conectaba con lo que había sucedido.
Con el tiempo mi interés por los datos y las precisiones creció, hasta que tomé conciencia de que esa pasión por la concatenación de los hechos, sus causas y efectos, era lo que realmente me interesaba: el arte como una respuesta del ser humano ante tal o cual situación, y las artes visuales, como su nombre lo dice, resultaban ser testimonios efectivos de los procesos que nuestro país había vivido: las luchas por la independencia; los rechazos a las ocupaciones foráneas; las distintas formas de resistencia a las dictaduras; y en la actualidad, los retos complejos ante la globalización… La pregunta ¿qué somos?, convertía mi trabajo en una investigación de carácter existencial que, apoyándose en lo social, pretendía acercarse a las características que lo particularizaban.
En 1979, y amadrinada por María Ugarte, el Banco de Reservas con motivo de su Aniversario, publicó mi libro Historia de la Pintura Dominicana. A partir de entonces una avalancha de demandas me mantuvo escribiendo sobre arte, aunque no dejaba de hacer cuento y poesía, tanto así, que en 1985, la Editora Taller publicó el libro Fichas de Identidad/ Estadías, poemas que traían una excelente presentación de Manuel Rueda. A partir de entonces mi vida ha sido escribir.
Al día de hoy no estoy segura de la cantidad de libros que he escrito. Sí tengo registrados alrededor de cincuenta títulos con mi sola firma, y unos veinticinco trabajos realizados en colaboración con otros autores; los artículos en revistas y periódicos nacionales y extranjeros, sobrepasan quinientos. He incursionado en poesía, narrativa, ensayo, historia y crítica de arte, y la verdad es que al momento de recibir este premio me encontraba cansada. Y también, ¿por qué no decirlo? un poco cuestionada de haber escrito más que haber vivido, en un mundo que hoy da la espalda a la lectura.
Quizás por esa misma razón mis últimas publicaciones han sido mayormente narrativa: dos libros de cuentos y una novela; y es que la narrativa resulta, por lo explicativa, más atractiva a los lectores, y para mí, particularmente, una forma de garantizar, en lo posible, la comunicación. En ese sentido, creo que ninguna de las obras que he escrito ha tenido la demanda ni la difusión de la novela La Vida es otra cosa y del libro de cuentos A mí no me gustan los boleros, publicados por los sellos Alfaguara y Punto de Lectura, en 2006 y 2009, respectivamente.
Detenerme en más detalles sobre mi vida y los procesos en que me ha involucrado la escritura, algunos de ellos tortuosos, otros llenos de transparencia y brillantez, sería redundante, pues ya lo han hecho de manera excelente Jacinto Gimbernard y José Alcántara Almánzar.
Sólo me falta dar las gracias a todas las personas que me han ayudado a lo largo de mi existencia. Como ya dije antes, la vida es un terreno abrupto donde hay que aprender a sortear las trampas de la oscuridad para poder mantenernos en la luz.
Yo continúo ese intento ayudada por Dios, a quien me he entregado desde hace tiempo y quien a cada minuto me recuerda su amor inconmensurable e incondicional. Como la Madre Teresa, le pido cada día amor para perdonar y humildad para olvidar. Y esos sentimientos de amor y de humildad son los que quiero entregar a todos ustedes hoy: a mis hijos, Manuel y Paloma, que siempre han permitido mi realización profesional; a mi comunidad parroquial de El Buen Pastor, en quienes me apoyo espiritualmente; a todos los familiares y amigos que se sienten orgullosos de que yo sea escritora y creen en mí, como Fredy Ginebra, José Chez Checo, Ninón y Lourdes Saleme, Plácido Piña, los chicos y chicas de la oficina y muchos más; al Grupo Santillana en la persona de Ruth Herrera porque ha dado cabida a mis textos; a la Fundación Corripio, presidida por José Luis Corripio Estrada, y a todos sus miembros; al Ministerio de Cultura y a los altos organismos educativos que participaron en la asignación de este galardón; también a todas las mujeres dominicanas, escritoras y no escritoras, porque unas con sus textos y otras con sus experiencias, me han permitido conocer la vida de manera más amplia y completa; y muy especialmente, a José Alcántara Almánzar, escritor de primera, historiador de la literatura nacional, hermano desde que hace años compartimos el trato y la admiración a Manuel Rueda, y quien al incluir mi cuento Recuerdos de Familia en su Antología Mayor de la Literatura Dominicana (Prosa), me dio el empujón para que yo entrara de lleno en la narrativa. Sé que todavía me quedan muchas personas a quienes agradecer… A ellos y a ustedes mis mayores deseos de bienestar en todos los órdenes. ¡Que Dios los bendiga!

Jeannette Miller al recibir el Premio Nacional de Literatura

Jeannette Miller Biobibliografía

Poeta, narradora, ensayista e historiadora de arte. Nació el 2 de agosto de 1944 en Santo Domingo. Hija del escritor Fredy Miller Otero y Rosa Rivas, su padre fue asesinado por la dictadura de Rafael Trujillo. Cursó su educación primaria en el colegio María Auxiliadora y secundaria en el colegio Apostolado de Santo Domingo. Se licenció en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde ejerció la docencia, al igual que en la Universidad Central del Este y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Vivió en Madrid, España, desde 1965 hasta 1970, allí realizó, en el período 1966-1967, el X Curso Iberoamericano para Profesores de Lengua Española en el Instituto de Cultura Hispánica, donde recibió clases con Carlos Bousoño, Gonzalo Torrente Ballester y otros eminentes intelectuales; asimismo, en 1967, hizo el Curso de Desarrollo Comunitario en el Instituto León XIII de Madrid, y en 1976 participó en el Seminario Museología y Arte con el Profesor Donald B. Goddall, bajo el auspicio de The Southern Consortium for International Education, en Santo Domingo.

Figura sobresaliente de la Generación del 60, perteneció a Arte y Liberación (1962) junto a Miguel Alfonseca, Silvano Lora, José Ramírez Conde, René del Risco, Jacques Viau y otros. Durante sus inicios tuvo como mentores al filósofo Juan Francisco (Tongo) Sánchez, y a los poetas Franklyn Mieses Burgos y Manuel Rueda.

Sus artículos han sido publicados por los periódicos El Caribe, donde trabajó con María Ugarte, y Hoy; además en importantes publicaciones internacionales. En el 2000, fue Directora del Suplemento Cultural Espacios, del periódico El Caribe. Ha sido jurado en concursos nacionales e internacionales de Literatura y Artes Plásticas.

Su novela La vida es otra cosa, publicada en el 2006 por el sello Alfaguara cuenta con numerosas reediciones.

Ha publicado tres libros de poemas: El Viaje (Cuadernos Hispanoamericanos, separata, 1967), Fórmulas para Combatir el Miedo (Taller, 1972) y Fichas de Identidad/Estadías (Taller, 1985); dos de narraciones Cuentos de Mujeres (Cole, 2002) y A mí no me gustan los boleros. (Ediciones Santillana. Punto de lectura. 2009); una novela, La Vida es otra cosa (Alfaguara, 2005), y múltiples ensayos y trabajos de investigación, entre los que destacan: Participación de la Mujer en el Proceso Cultural Dominicano (1975); Artes Plásticas, Enciclopedia Dominicana (1976); Gilberto Hernández Ortega o la Trascendencia de un Universo Mágico y Poético (1978); Historia de la Pintura Dominicana (1979); Ortografía (1981); Redacción (1983); Contemporary Dominican Art. The Signs Gallery. New York, (1981); Guía de la Galería de Arte Moderno (1982); Arte Dominicano desde la Independencia. (1982); Paul Guidicelli: sobreviviente de una Época Oscura (1983); Fernando Peña Defilló: desde el Origen hacia la Libertad (1983); Texto Espantapájaros del Sur Publicado en Polibio Díaz Espantapájaros del Sur, Editora Corripio. Santo Domingo, República Dominicana. (1984); Fernando Peña Defilló: Mundos Paralelos (1985); Sobre la Materia y el espíritu publicado en el catálogo Sobre la Materia y el espíritu de Fernando Peña Defilló, correspondiente a la muestra individual del mismo nombre presentada en la Galería de Arte Moderno (Impresora Amigo del Hogar. Santo Domingo, República Dominicana. 1985); Paisaje Dominicano: Pintura y Poesía (1992); Apuntes sobre la abstracción en las Antillas del Caribe Hispano. Publicado en Plástica, Revista de la Liga de Arte de San Juan. Año 15, Vol. 1, Núm., 21, Sept. 1993. San Juan, Puerto. Rico. (1993); Texto El Carnaval de Santo Domingo. Publicado en Imágenes de Carnaval de Polibio Díaz. Vista Color, Miami, EE.UU. (1993); Poesía y pintura dominicanas: una relación que permanece. Publicado en el libro Ponencias del Primer Congreso Crítico de Literatura Dominicana. Editora De Colores. Santo Domingo, República Dominicana.1994. José Rincón Mora (1996), Arte Dominicano, Artistas Españoles y Modernidad: 1920-1960, Ediciones Centro Cultural Hispánico e Instituto de Cooperación Iberoamericana, Santo Domingo República Dominicana (1996), Noemí Ruiz y la Poesía Visual del Trópico (1997), Gaspar Mario Cruz: poeta de las formas (1997); Domingo Batista: esencia y monumentalidad del paisaje dominicano, Domingo Batista: fotografías dominicanas. Consejo Presidencial de Cultura. Santo Domingo, República Dominicana (1999); Fernando Peña Defilló (2000), Cuentos Dominicanos –antología- Selección y prólogo. Colección Letra Grande, coedición UNESCO y Editorial Popular, Paris-Madrid (2000); Arte Dominicano:1844-2000.Pintura, dibujo, gráfica y mural (2001); Tesoros de Arte del Banco Popular Dominicano (2001); Arte, globalización, el miedo dinamizante y la respuesta contestataria. Introducción a la participación de Domingo Batista y Jorge Pineda en la VII Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador, 2001. Publicado en el libro Globalización. Nomadismo. Identidades. Documento de la VII Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador. (2001); Arte Dominicano:1844-2000. Escultura, instalaciones, medios no tradicionales y arte vitral (2002); Entre la sobrevivencia y el miedo: mujer, literatura, globalización y disidencia. Conferencia Magistral pronunciada en el XIII Congreso de la AILCFH (Asociación Internacional de Literatura y Cultura Femenina Hispánica) : Lenguaje y Género –Tendencias Errantes—Proyectos y Procesos para un Nuevo Mundo. Santo Domingo, República Dominicana, del 24 al 27 de octubre del 2002
. Revista Xinesquema No 3, abril (2003). La mujer en el pensamiento dominicano. Presentación a la puesta en circulación del libro Pensantes de Ángela Hernández. Editora Cole. Santo Domingo, República Dominicana.( 2004); Mujer. Introducción al libro Mujer de Nicole Sánchez y Giovanna Bonnelly. Ediciones Mercasid. Santo Domingo, República Dominicana. (2004) Magia y verismo del blanco y negro en el arte fotográfico de Max Pou. Cien veces Max. Centro León. Santiago de los Caballeros.( Febrero del 2005 );La Mujer en el Arte Dominicano (2005); Fredy Miller: realidad y leyenda. Edición, selección y prólogo.(2005); María Ugarte: textos literarios. Edición, selección y prólogo (2006); El inconsciente racial dominicano o la dicotomía de un pueblo negro que se piensa blanco. Prólogo al libro de José Aníbal Cruz, El inconsciente racial dominicano. Impresora Amigo del Hogar. Santo Domingo, República Dominicana. (2006); Importancia del contexto histórico en el desarrollo del arte dominicano (2006); La vida es otra cosa –novela- (Alfaguara, 2006); Rescatando la poesía nacional con la Colección Pensamiento Dominicano. Publicado en el Tomo I, Poesía. Reedición de la Colección Pensamiento Dominicano. Publicaciones Banco de Reservas. (2008); Norberto James Rawlins. La patria portátil. Afro-hispanic Review. Vol.27, Lumber 2. Fall 2008. Vanderbilt University. (Nashville, Tennessee.USA.2008); Textos sobre arte literatura e identidad –ensayos- (Ediciones Banco Central de la República Dominicana, 2009); A mí no me gustan los boleros –cuentos- (Punto de lectura, 2009); El exilio republicano español y sus aportes a la modernidad en el arte dominicano en El exilio republicano español en la sociedad dominicana, Santo Domingo, República Dominicana (2010); Historia de la fotografía dominicana -2 tomos- (2010) y Arte y arquitectura: 1844-2000 en Historia de la República Dominicana (2011).

Ha escrito la crítica de artes plásticas para los periódicos El Caribe y Hoy, Santo Domingo, República Dominicana. Ha sido Miembra del Patronato del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo. Ha participado como expositora en numerosos congresos nacionales e internacionales sobre arte, literatura, cultura e identidad. Ha sido jurado en concursos y bienales nacionales y fuera de su país. Ha colaborado con prestigiosas publicaciones internacionales: Cuadernos Hispanoamericanos (Núm.208, Madrid, España, 1967); Geomundo (Miami, EE.UU.1979); Plástica (San Juan, Pto. Rico,1993); Homines (Universidad Interamericana de Puerto Rico. San Juan, Puerto Rico. 1996); Callaloo. (Universidad de Virginia, Estados Unidos. 1999); Confluencia (Universidad de Northern, Colorado, EE.UU.2004); Arte al día Internacional (Miami, EE.UU.2004); Global (Santo Domingo, Rep. Dom. 2004); Ceramics (Sydney, Australia. 2004); etc. Ha recibido importantes premiaciones y distinciones, entre ellas: Premio Investigación Teatro Nacional y Comisión Jurídica de la Mujer ante las Naciones Unidas (1975); Premio a la Crónica y Crítica de Arte Fundación Pellerano Alfau (1976); Supremo de Plata Jaycee´s a los 10 jóvenes más sobresalientes del país (1977); Círculo de Plata Jaycee´s por continuidad de labor en la comunidad (1997); Premio Mejor Libro de Arte 1997 por la Asociación Puertorriqueña de Críticos de Arte –AICA- (1997); Mejor Publicación Especializada en Artes Plásticas (1998), por la Asociación Dominicana de Críticos de Arte –ADCA- (1997); Mención de Honor en el Concurso Internacional de Cuentos Casa de Teatro (2000); Medalla de Honor al Mérito por la Secretaría de Estado de la Mujer (2002). Su poema “Porque la muerte es esta sensación de nada y de vacío...” fue seleccionado por la Revista Callaloo de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, como una de las mejores piezas poéticas de los últimos 25 años aparecidas en esa publicación; Invitada de honor a la 5ta. Bienal de Poetas en Val-de Marne, Paris, Francia, (1999); Premio Especial en el Concurso Internacional de Novela Casa de Teatro (2005); Miembro de la Academia Dominicana de la Historia. (2006); Diploma de Reconocimiento como Mujer Destacada, Cámara de Diputados de la República Dominicana (8 de marzo, 2006); Reconocimiento Especial en la categoría de personalidades, por la Asociación Dominicana de Críticos de Arte –ADCA- (2006), En el 2007 obtuvo el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, por su obra Importancia del contexto histórico en el desarrollo del arte dominicano, en el marco de la Feria Internacional del Libro (2007). Reconocimiento como Mujer consagrada al Arte por la Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD- (2009). Reconocimiento por sus aportes al Arte y la Cultura de República Dominicana por la Universidad Iberoamericana–UNIBE- (2009). En el 2010, se le otorgó el Premio Nacional de Cuento José Ramón López a su libro A mí no me gustan los boleros (Punto de Lectura, 2009). En el 2011 le fue asignado el Premio Nacional de Literatura 2011, auspiciado por el Ministerio de Cultura y la Fundación Corripio, por el conjunto de su obra

Fue miembra del Consejo Presidencial de Cultura de la República Dominicana, de la Comisión Nacional de la UNESCO y de la Casa del Escritor Dominicano, habiendo participado en la fundación de estos organismos. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés e italiano e incluidos en múltiples antologías y ensayos, entre los que se encuentran: Historia de la Literatura Hispanoamericana. Época Contemporánea. Enrique Anderson Imbert. Breviarios del Fondo de Cultura Económica. México D. F. Quinta Edición (1966); Antología de la Literatura Dominicana. José Alcántara Almánzar. Colección Biblioteca Esencial. Editora Cultural Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana (1972); Una evaluación de la situación de la mujer. Oficina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Santo Domingo, República Dominicana (1975); Cinco Siglos con la Mujer Dominicana. Maritza Olivier. Amigo del Hogar. Santo Domingo, República Dominicana (1975); La Poesía Dominicana en el Siglo XX. Alberto Baeza Flores. Universidad Católica Madre y Maestra. Santiago, República Dominicana(1976); Enciclopedia Dominicana. Ediciones Dominicanas. Santo Domingo, República Dominicana. (1976); Lecturas Dominicanas. Carlos Fernández Rocha y Danilo De los Santos. Universidad Católica Madre y Maestra. Santiago, República Dominicana.(1977); Cantos al Amor: antología de la poesía amorosa dominicana. Pedro Bisonó. Santo Domingo, República Dominicana (1978); Caribbean Writers: A biobibliographical-Critical Encyclopedia. Three Continental Press. Washington D. C. USA (1979); Escritores y Artistas dominicanos. Héctor Incháustegui Cabral. Colección Estudios. Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM). Santiago, República Dominicana. (1979); Poesía de Post-guerra/ Joven Poesía Dominicana Andrés L. Mateo. Santo Domingo, República Dominicana (1981); La Tierra más Hermosa. Alberto Baeza Flores. Editora Taller, Santo Domingo, República Dominicana. (1981); Contemporary Women Authors of Latin America. Doris Meyers y Margerite Fernández Olmos. Brooklyn College Humanities Institute Series, USA. (1983); Los Poetas Dominicanos de 1965: una generación importante y distinta. Alberto Baeza Flores Colección Orfeo. Biblioteca Nacional. Santo Domingo, República Dominicana (1985); El Síndrome de Penélope en la Poesía Dominicana. Tony Raful y Pedro Peix. Biblioteca Nacional. Editorial Santo Domingo. Santo Domingo, República Dominicana (1986); Personalidades Dominicanas 1988-1989. Rafael Molina Morillo. Molina Morillo y Asociados. Santo Domingo, República Dominicana (1988); Sin otro profeta que su canto, Daisy Cocco de Filippis. Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana. (1988); Voces Femeninas del Mundo Hispánico. Ramiro Lagos. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos. Colombia. (1991); Writers of the Caribbean and Central America. Fenwick, M. J., New York and London. Garland Publishing. (1992); Apuntes Bibliográficos sobre la Literatura Dominicana. Miguel Collado. Colección Orfeo. Biblioteca Nacional. Santo Domingo, República Dominicana. (1993); These are not sweet girls: Poetry by Latinamerican Women, Marjorie Agossin. White Pine Press, New York, USA (1994); Diccionario de Autores Dominicanos 1492-1994. Cándido Gerón. Segunda Edición, Editora Colorscan. Santo Domingo, República Dominicana (1994); Historia de la Cultura Dominicana. Mariano Lebrón Saviñón. Ediciones Sequiscentenario de la Independencia Nacional. Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana. (1994); Poésie Dominicaine du XXe Siecle, Claude Couffon. Geneve, Suiza (1995); Dos Siglos de Literatura Dominicana Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional, Sto. Dgo. Rep. Dom. (1996); Bibliografía de la Literatura Dominicana -1820-1990-. Frank Moya Pons. Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro. Amigo del Hogar. Santo Domingo, Rep. Dom. (1997); Common Threads: Afro-Hispanic Women’s Literature, Adams, Clementina R. Ediciones Universal, Miami, Florida EE.UU.(1998); Grandes Dominicanos. Carlos T. Martínez. Ediciones Catemar, Santo Domingo, República Dominicana.(1998); Presencias. María del Carmen Prosdocimi de Rivera. Colección Banreservas, Santo Domingo, República Dominicana (1999); Memorias del Viento Frío: poesía de la guerra y la postguerra. Pedro Conde WWW.cielonaranja.com; Antología Histórica de la Poesía Dominicana del Siglo XX. Franklyn Gutiérrez. Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Puerto Rico (1999); Homenaje de los Poetas Dominicanos a la Cultura Francesa. Mateo Morrison. Ediciones Espacios Culturales. III Feria Internacional del Libro. Santo Domingo, República Dominicana.(2000); Miroirs de la Caraibe: douze poetes de Saint Domingue, José Rafael Lantigua y Delia Blanco. Le Temps de Cerises, Francia, (2000); L’Anthologie 2000: Biennale Internationale des Poetes en VAL-DE-MARNE, Henry Deluy. Ediciones Farrago, Paris, Francia (2000); Callaloo’s 25th Anniversary: Best Poetry, University of Virginia, Charlottesville, VA, USA (2001); Estudios en honor de Janet Perez: El sujeto femenino en escritoras hispánicas by Susana Cavallo, Luis A. Jimenez, Oralia Preble-Niemi. Hispanic Revue. Vol. 69, No. 1 JSTOR by University of Pennsylvania Press. (Winter, 2001); Antología Mayor de la Literatura Dominicana: prosa y poesía. José Alcántara Almánzar (prosa) y Manuel Rueda (poesía). Editoria Corripio. Santo Domingo, República Dominicana. (2002); Ensayos críticos sobre escritoras dominicanas del siglo XX. Miguel Collado y Rafael Peralta Romero. Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas –CEDIBIL-. Santo Domingo, República Dominicana. (2002); The Committed Word: Studies in Spanish and American Poetry. Merlin H. Forster. University: Romance Monographs. (2002); Libros revueltos…ganancias de pensadores. Francisco Henríquez Rosa. Fundación para la Educación y el Arte –EDUCARTE- (2003); Santo Domingo, su poesía. Miguel D. Mena. Ediciones Cielonaranja. Santo Domingo-Berlín (2005); The Oxford Book of Caribbean Verse. Oxford Book of Verse. Stewart Brown, Mark Mcwatt. Oxford University Press. (2005); Breve antología del cuento dominicano, Editora Cole, Santo Domingo, República Dominicana (2003); De espantos y espasmos: cuentos de amor y visiones. Julieta Haidar y Pablo Maríñez. Ediciones moradas. Editora Búho. Santo Domingo, República Dominicana. (2003); Pensantes, Ángela Hernández. Ediciones Calíope, New York, EE.UU. (2004); La isla que se cuenta. Ángela Hernández. Editorial Letragráfica. Santo Domingo, República Dominicana. -En prensa-; Onde, farfalla e aroma de café. Danilo Manera. Editorial Azulejos. Italia.(2005); Narradoras del siglo XX. Emelda Ramos. Ediciones Ferilibro. Secretaría de Estado de Cultura. Santo Domingo, República Dominicana. (2007); Fichas de identidad: un recorrido por la Rep. Dominicana de Jeannette Miller Escrito por: Gina Aidee Diaz el 21 May 2009 - URL Permanente ELPAIS.comLa Comunidad; De la Seine au Camú: un Siecle de nouvelles dominicaines.Página 105.Selección y prólogo de René Rodríguez Soriano. Ediciones Secretaría de Estado de Cultura.(2009) Vanidades. Sección Libros. Sueños de bienestar y duras realidades en una novela dominicana. Página 18. La vida es otra cosa de Jeannette Miller. Revista Vanidades. 29 de enero de 2009; Marianela Jiménez, gran maestra y gran artista: ¡Un merecido homenaje! Introducción al catálogo Homenaje a Marianela Jiménez. Sala de arte Ramón Oviedo. Secretaría de Estado de Cultura. Santo Domingo, República dominicana. Abril del 2009; . Blanco Móvil. Número 110. Poetas Dominicanos. De Eduardo Moshe. Publicación trimestral revista Blanco Móvil. Mayo de 2009.